lunes, 28 de julio de 2014

Semper ad meliora

Tener la mejor vista de la ciudad del amor desde la última planta de la Torre Eiffel y sentir que no hay nada más allá de ti, desde el faro del Fin del Mundo en Argentina.

Perderme en los colores que inundan Central Park en pleno otoño y después observar la puesta de sol cerca del Moai solitario de La Isla de Pascua.

Pasear en góndola por los canales de la vieja Venecia. Bella y misteriosa, eterna pero frágil. Tan metafórica como el propio amor.

Poder decirte "Saya Cinta Kamu" a pleno juicio, desde la más lujosa habitación de Bali, para después perder los papeles, y dedicarle una noche a mis vicios, en cualquier casino de Las Vegas.

Un mundo que se deje recorrer en apenas 24 horas, perdería el encanto que supone esforzarte hasta llegar a la meta.
Dejar atrás lo que siempre has conocido, por la fe ciega en que mas allá, puede haber algo mejor. Y escuchar lo que otros cuentan o lamentan, pero que seas el único que decida hacia donde emprende su camino de ida, y si sacará también un billete de vuelta.
La pasión de comenzar un nuevo proyecto, en el que debes sumergirte de lleno pese a poder tocar fondo, pero con el que también puedes aprender a nadar.
Y es que pese a toda la belleza que me queda y me quedará por descubrir en los confines de la tierra, y que el camino se haga cada vez más complicado, sigo apostando que tú eres el mejor de mis viajes.








lunes, 21 de julio de 2014

C o n t i g o

Hace tiempo que mi sombra dejó de seguirme.
Que hago cosas sin sentido dice, que ya no quiere repetirlas.

No le hicieron falta ni maletas para marcharse, ni portazo para hacer ruido.
Y aprovechó la oscuridad de mi pecho, y el momento menos oportuno.

Quizá es que ya no nos parecemos, porque he perdido el rumbo, y ellas las razones. 
Se ha cansado de llegar siempre a deshora, a los sitios equivocados.

Quizá es eso si... Que ya no nos parecemos, no como antes.
Porque ahora ya no encajó con ella, encajo contigo.

Sólo hubiera bastado agarrarla más fuerte, colgarme de sus manos como había hecho tantas veces antes... C o n t i g o 

viernes, 18 de julio de 2014

No sabemos volar, pero no queremos caer

Viernes de madrugada después de miles de locuras con ellas. 
Aquellas con las que has malgastado tantos cubatas, y algún que otro secreto de más, y sin embargo, no llegan a comprender ni una cuarta parte de tus pensamientos. 

Y lloras, y lloras sola, intentando encontrar en tus lágrimas el consuelo de un problema que ronda tu mente desde hace ya meses. 

Y maldices la idea de que a las 5 de la mañana no puedas despertar a nadie, y que ese nadie llore contigo. Maldices que lo que te quita el sueño, no se lo quite a ningún otro. 

Que mi sonrisa tiene experiencia de más, pero mis lágrimas han conocido mundo, y que ni tu ni nadie conoce una sonrisa, ni unas lágrimas como estas. Y nadie conoce mejor que yo, cómo hundirte del todo cuando sabes que estas tocando fondo, antes que pedir ayuda.

Son noches que hacen que me empiece a volver loca por la irónica mirada de creer que alguien mas se siente igual de perdido. Y eso que debería empezar a admitir que los sueños de la gente del montón, no son los mios. 

Pero no es ni mirada, ni ironía, ni sueños, ni locura. Ni siquiera es una canción de Russian Red, ni este piti que se consumé entre mis dedos, lo que me atormenta. No es ni siquiera una niña a punto de cumplir los 20 en una ciudad que le sigue quedando grande, ni el silencio que inunda estas cuatro paredes. 
Y pasara otra noche, o tal vez dos, o tal vez mil, hasta que lo comprenda. 

Llámame, demuéstrame que estás siempre para mi. Llora conmigo, o ríete de mi y dame un motivo para que ría contigo. Deja todo lo que estés haciendo y ven a darme un abrazo de los que cortan la respiración y borran las dudas porque sino... Sino no caeré, y no quiero caer, aunque aún me queden 6 vidas para aprender a volar. 



lunes, 7 de julio de 2014

Mundo loco de insensatos

Somos animales extraños, en un mundo más extraño aún. 
Somos altos o bajos, rubios y morenos, egoístas o generosos, graciosos o aburridos. 
Somos, a veces, inaguantables, pero otras veces nos convertimos en  la mejor compañía. 
En ocasiones dejamos que nuestros ojos se llenen de lágrimas de pesimismo, ¡pero qué magníficos somos cuando esas lágrimas son de alegría!.

Somos una pregunta con patas. Somos el conjunto de los instintos, el principio de todas las dudas que vendrán. Vidas malgastadas buscando respuestas que jamás podremos resolver. Y cuando, en ocasiones, hallamos la respuesta a una, incluso de esas que no nos planteamos, organizamos nuestra vida sobre ella o la dejamos pasar, sin más.

Y es que somos un "por qué". Ese que nos pasamos la vida preguntándonos a nosotros mismos, al resto del mundo. Y si no encontramos respuesta, la buscamos en datos y hechos, o mejor aún, algunos las consiguen. Y así poco a poco nos ayudan a evolucionar.

Pero también somos un "para qué". Ante cualquier problema lo primero en lo que pensamos, sin que tenga ninguna utilidad, una pregunta inútil, gratuita. Una pregunta para los que sienten que si alguien les explica un problema, es para que les ayude a encontrar una solución. Y se la dan. Y no entienden el valor de simplemente compartir lo que te pasa, sin estar pidiendo a cambio un consejo. 

Y además, también somos un "por qué no". Quizá la pregunta más peligrosa, porque acabamos cambiando la realidad, creando algo nuevo que creemos merecer. Una pregunta para esos que sólo entienden el amor por aquello que todavía está por inventar. 


Y estas pequeñas preguntas son las que crean un maravilloso caos de diferencias en el mundo. Y al final, seas del grupo que seas, tarde o temprano, descubres que buscar la felicidad jamás está en encontrar todas las respuestas.