Tener la mejor vista de la ciudad del amor desde la última planta de la Torre Eiffel y sentir que no hay nada más allá de ti, desde el faro del Fin del Mundo en Argentina.
Perderme en los colores que inundan Central Park en pleno otoño y después observar la puesta de sol cerca del Moai solitario de La Isla de Pascua.
Pasear en góndola por los canales de la vieja Venecia. Bella y misteriosa, eterna pero frágil. Tan metafórica como el propio amor.
Poder decirte "Saya Cinta Kamu" a pleno juicio, desde la más lujosa habitación de Bali, para después perder los papeles, y dedicarle una noche a mis vicios, en cualquier casino de Las Vegas.
Un mundo que se deje recorrer en apenas 24 horas, perdería el encanto que supone esforzarte hasta llegar a la meta.
Dejar atrás lo que siempre has conocido, por la fe ciega en que mas allá, puede haber algo mejor. Y escuchar lo que otros cuentan o lamentan, pero que seas el único que decida hacia donde emprende su camino de ida, y si sacará también un billete de vuelta.
La pasión de comenzar un nuevo proyecto, en el que debes sumergirte de lleno pese a poder tocar fondo, pero con el que también puedes aprender a nadar.
Y es que pese a toda la belleza que me queda y me quedará por descubrir en los confines de la tierra, y que el camino se haga cada vez más complicado, sigo apostando que tú eres el mejor de mis viajes.

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