miércoles, 5 de noviembre de 2014

Matemática de la carne

Juro que hoy algo se me ha reconfigurado por dentro, dejándome la extraña sensación de haberme transformado, aunque no sé muy bien en qué. Y me asusta que haya perdido toda mi toxicidad de golpe, porque aunque así sea más fácil enfrentarme a la gente, quizá ya no sepa enfrentarme a la vida. Y más me asusta mi persistente precisión a la hora de no expresar absolutamente nada, cuando es absolutamente todo lo que tengo que expresar. 
Así que voy a comenzar poniendo un poco de orden, a ver si estas crueles ironías se reflejan en otra parte.

Hoy he perdido la oportunidad de cambiar el calor de un cuerpo desnudo bajo mis sábanas, por el de un verdadero “te quiero” al oído. Y no la he perdido entre relojes demasiado veloces, ni entre los kilómetros que nos separan; ni siquiera en el “no eres tú, soy yo” y todas esas cosas que cantan las melodías más tristes...
Desapareció en el preciso momento en el que eché a correr, pretendiendo llegar a un lugar más fácil, donde su boca todavía no hubiese escupido esas dos malditas palabras. Sí, digo malditas, porque entre el conjunto de letras que componen la frase más maravillosa del mundo para el resto, existe un agujero negro en el que caben todas mis dudas.

Y juro que ahora mismo seguiría corriendo hasta llegar a ÉL, para borrarle las lágrimas a besos, y hacerle el amor cada uno de los segundos que quedaran hasta volver a irme. 
¿Pero qué es el calor de un cuerpo desnudo bajo las sábanas, para quien ya conoce el amor? 
Y mira que moriría por curarle el corazón, si no fuera porque en la plena consciencia que traen los primeros rayos de sol, la soledad romperá el sueño del posible "nosotros", una vez más, tras el portazo que anuncia mi marcha.


Si el poder me hubiera sido otorgado, no os absolvería del terrible error de acusar de inmaduro al que derrama lágrimas por lo que ha perdido. Y si pudiera elegir, derramaría todos tus recuerdos a través de tus ojos para que un día, secos de sentimientos, podamos reencontrarnos y querernos de algún otro modo, aunque no de esta manera. 



lunes, 28 de julio de 2014

Semper ad meliora

Tener la mejor vista de la ciudad del amor desde la última planta de la Torre Eiffel y sentir que no hay nada más allá de ti, desde el faro del Fin del Mundo en Argentina.

Perderme en los colores que inundan Central Park en pleno otoño y después observar la puesta de sol cerca del Moai solitario de La Isla de Pascua.

Pasear en góndola por los canales de la vieja Venecia. Bella y misteriosa, eterna pero frágil. Tan metafórica como el propio amor.

Poder decirte "Saya Cinta Kamu" a pleno juicio, desde la más lujosa habitación de Bali, para después perder los papeles, y dedicarle una noche a mis vicios, en cualquier casino de Las Vegas.

Un mundo que se deje recorrer en apenas 24 horas, perdería el encanto que supone esforzarte hasta llegar a la meta.
Dejar atrás lo que siempre has conocido, por la fe ciega en que mas allá, puede haber algo mejor. Y escuchar lo que otros cuentan o lamentan, pero que seas el único que decida hacia donde emprende su camino de ida, y si sacará también un billete de vuelta.
La pasión de comenzar un nuevo proyecto, en el que debes sumergirte de lleno pese a poder tocar fondo, pero con el que también puedes aprender a nadar.
Y es que pese a toda la belleza que me queda y me quedará por descubrir en los confines de la tierra, y que el camino se haga cada vez más complicado, sigo apostando que tú eres el mejor de mis viajes.








lunes, 21 de julio de 2014

C o n t i g o

Hace tiempo que mi sombra dejó de seguirme.
Que hago cosas sin sentido dice, que ya no quiere repetirlas.

No le hicieron falta ni maletas para marcharse, ni portazo para hacer ruido.
Y aprovechó la oscuridad de mi pecho, y el momento menos oportuno.

Quizá es que ya no nos parecemos, porque he perdido el rumbo, y ellas las razones. 
Se ha cansado de llegar siempre a deshora, a los sitios equivocados.

Quizá es eso si... Que ya no nos parecemos, no como antes.
Porque ahora ya no encajó con ella, encajo contigo.

Sólo hubiera bastado agarrarla más fuerte, colgarme de sus manos como había hecho tantas veces antes... C o n t i g o 

viernes, 18 de julio de 2014

No sabemos volar, pero no queremos caer

Viernes de madrugada después de miles de locuras con ellas. 
Aquellas con las que has malgastado tantos cubatas, y algún que otro secreto de más, y sin embargo, no llegan a comprender ni una cuarta parte de tus pensamientos. 

Y lloras, y lloras sola, intentando encontrar en tus lágrimas el consuelo de un problema que ronda tu mente desde hace ya meses. 

Y maldices la idea de que a las 5 de la mañana no puedas despertar a nadie, y que ese nadie llore contigo. Maldices que lo que te quita el sueño, no se lo quite a ningún otro. 

Que mi sonrisa tiene experiencia de más, pero mis lágrimas han conocido mundo, y que ni tu ni nadie conoce una sonrisa, ni unas lágrimas como estas. Y nadie conoce mejor que yo, cómo hundirte del todo cuando sabes que estas tocando fondo, antes que pedir ayuda.

Son noches que hacen que me empiece a volver loca por la irónica mirada de creer que alguien mas se siente igual de perdido. Y eso que debería empezar a admitir que los sueños de la gente del montón, no son los mios. 

Pero no es ni mirada, ni ironía, ni sueños, ni locura. Ni siquiera es una canción de Russian Red, ni este piti que se consumé entre mis dedos, lo que me atormenta. No es ni siquiera una niña a punto de cumplir los 20 en una ciudad que le sigue quedando grande, ni el silencio que inunda estas cuatro paredes. 
Y pasara otra noche, o tal vez dos, o tal vez mil, hasta que lo comprenda. 

Llámame, demuéstrame que estás siempre para mi. Llora conmigo, o ríete de mi y dame un motivo para que ría contigo. Deja todo lo que estés haciendo y ven a darme un abrazo de los que cortan la respiración y borran las dudas porque sino... Sino no caeré, y no quiero caer, aunque aún me queden 6 vidas para aprender a volar. 



lunes, 7 de julio de 2014

Mundo loco de insensatos

Somos animales extraños, en un mundo más extraño aún. 
Somos altos o bajos, rubios y morenos, egoístas o generosos, graciosos o aburridos. 
Somos, a veces, inaguantables, pero otras veces nos convertimos en  la mejor compañía. 
En ocasiones dejamos que nuestros ojos se llenen de lágrimas de pesimismo, ¡pero qué magníficos somos cuando esas lágrimas son de alegría!.

Somos una pregunta con patas. Somos el conjunto de los instintos, el principio de todas las dudas que vendrán. Vidas malgastadas buscando respuestas que jamás podremos resolver. Y cuando, en ocasiones, hallamos la respuesta a una, incluso de esas que no nos planteamos, organizamos nuestra vida sobre ella o la dejamos pasar, sin más.

Y es que somos un "por qué". Ese que nos pasamos la vida preguntándonos a nosotros mismos, al resto del mundo. Y si no encontramos respuesta, la buscamos en datos y hechos, o mejor aún, algunos las consiguen. Y así poco a poco nos ayudan a evolucionar.

Pero también somos un "para qué". Ante cualquier problema lo primero en lo que pensamos, sin que tenga ninguna utilidad, una pregunta inútil, gratuita. Una pregunta para los que sienten que si alguien les explica un problema, es para que les ayude a encontrar una solución. Y se la dan. Y no entienden el valor de simplemente compartir lo que te pasa, sin estar pidiendo a cambio un consejo. 

Y además, también somos un "por qué no". Quizá la pregunta más peligrosa, porque acabamos cambiando la realidad, creando algo nuevo que creemos merecer. Una pregunta para esos que sólo entienden el amor por aquello que todavía está por inventar. 


Y estas pequeñas preguntas son las que crean un maravilloso caos de diferencias en el mundo. Y al final, seas del grupo que seas, tarde o temprano, descubres que buscar la felicidad jamás está en encontrar todas las respuestas.



domingo, 8 de junio de 2014

Soñar, con no soñar

Hoy es mal día para tener insomnio, pero mucho peor será mañana, cuando me disponga a hacer el examen. 
Un mal día para recordar el hogar, y ponerme nostálgica imaginándome el tacto de mi vieja cama. 
Y el olor, el olor que emite la cocina, y que inunda toda la casa cuando mamá prepara alguno de sus deliciosos platos. Y peor aún sería si me diera por pensar en la risa que se le dibuja a papá cuando me ve aparecer por la puerta de la estación de tren. 

Cerrando los ojos puedo sobrevolar esas calles más que sabidas. Calles hechas a base de recuerdos y de buenos momentos, que yo misma he ido construyendo a cada paso. 
Calles que imagino ahora, transitadas por desconocidos que corren hacia alguna parte, o pasean intentando evadirse de sus propios problemas. 

Y puedo imaginármelas a ellas, a las de siempre, sentadas en la que ya es nuestra mesa, en el bar de toda la vida. Quizá contando un nuevo cotilleo, un nuevo amor, o el que siempre les ha quitado el sueño

Y puedo alargar los minutos de esta infinita noche en la que los litros de cafeína me han introducido, pensando en cómo ha pasado el tiempo, y cómo ha cambiado todo. En cómo las decisiones que he ido tomando, me han llevado por caminos que nunca hubiese imaginado recorrer, y dejar atrás personas que creía tan necesarias. Esos tropiezos, y pasos en falso que todavía me atormentan la conciencia, pero que al fin y al cabo, me han convertido en lo que soy. 

Pensando en tantas cosas, me resulta tan extraña la idea de que no pueda imaginarte... Que no pueda saber qué haces, ni dónde estas. Escondido en la ciudad, tengo que buscarte entre los acordes que esta noche suenan en el "Mambo", y en el sonido de las hojas del viejo parque, donde los mismos señores en chándal de siempre, salen a correr. Y sólo así, puedo sentirte hasta en esta minúscula habitación a 300 km, y encontrarte en una pequeña parte de mi voz. 




miércoles, 7 de mayo de 2014

Menos humos, y más fuego

168 horas
100 desvaríos de cabeza
90 sonrisas
30 pitis
7 días interna en la biblioteca
5 cervezas
2 películas
Y 1 llanto desde la última vez que te vi. 

No sabría explicarte qué es lo que esconden tus ojos, que me acelera el corazón y se me estremecen hasta las dudas. Dudas que me quitas cada vez que me sonríes, y desaparece la lista de razones por las que debería odiarte.

Más de una vez llego la tormenta, y cayó la lluvia que me hizo temblar ante el abismo del "nosotros", de que lo único que tengamos sea la necesidad de tenernos. La eterna anti historia, enmarcada entre recuerdos de siempre y las aventuras de mañana. La forma más sencilla de explicarte lo difícil que se hace la idea de perderte, cuando de pronto un miércoles, me da por admitir que estoy triste.

Y ahora con más de una asignatura atragantada, y menos de 6 horas de sueño diarias, sólo puedo pensar en llegar a fin de mes, y poder comprar ese billete, sólo de ida, hasta tu boca. Y es que, conforme pasan los días a km de tus locuras, se acumulan las deudas de tus dedos con mi espalda, y los asuntos pendientes con mis sábanas.

Podría contar los latidos que quedan para vernos, y el tiempo perdido por inseguridades, y las copas que necesitamos para volver al lugar del que no nos hemos movido. Contaría los lunares de tu espalda y aún me sobrarían ganas para contarte los besos que te debo. Pero al fin y al cabo, el tiempo es el que avanza, y la distancia la que manda, y quizá sean ellos los que tengan que decidir por ti, por mi, y la posibilidad de un futuro "nosotros".