domingo, 8 de junio de 2014

Soñar, con no soñar

Hoy es mal día para tener insomnio, pero mucho peor será mañana, cuando me disponga a hacer el examen. 
Un mal día para recordar el hogar, y ponerme nostálgica imaginándome el tacto de mi vieja cama. 
Y el olor, el olor que emite la cocina, y que inunda toda la casa cuando mamá prepara alguno de sus deliciosos platos. Y peor aún sería si me diera por pensar en la risa que se le dibuja a papá cuando me ve aparecer por la puerta de la estación de tren. 

Cerrando los ojos puedo sobrevolar esas calles más que sabidas. Calles hechas a base de recuerdos y de buenos momentos, que yo misma he ido construyendo a cada paso. 
Calles que imagino ahora, transitadas por desconocidos que corren hacia alguna parte, o pasean intentando evadirse de sus propios problemas. 

Y puedo imaginármelas a ellas, a las de siempre, sentadas en la que ya es nuestra mesa, en el bar de toda la vida. Quizá contando un nuevo cotilleo, un nuevo amor, o el que siempre les ha quitado el sueño

Y puedo alargar los minutos de esta infinita noche en la que los litros de cafeína me han introducido, pensando en cómo ha pasado el tiempo, y cómo ha cambiado todo. En cómo las decisiones que he ido tomando, me han llevado por caminos que nunca hubiese imaginado recorrer, y dejar atrás personas que creía tan necesarias. Esos tropiezos, y pasos en falso que todavía me atormentan la conciencia, pero que al fin y al cabo, me han convertido en lo que soy. 

Pensando en tantas cosas, me resulta tan extraña la idea de que no pueda imaginarte... Que no pueda saber qué haces, ni dónde estas. Escondido en la ciudad, tengo que buscarte entre los acordes que esta noche suenan en el "Mambo", y en el sonido de las hojas del viejo parque, donde los mismos señores en chándal de siempre, salen a correr. Y sólo así, puedo sentirte hasta en esta minúscula habitación a 300 km, y encontrarte en una pequeña parte de mi voz. 




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