Un día me hablaste de lo especial que era para ti, de las locuras que harías por verme sonreír.
Un día susurraste en mi oído las dos palabras, las 8 letras más bonitas del universo.
Un día dormiste a mi lado en aquella minúscula cama que no dejaba el más pequeño espacio entre tu piel y la mía.
Venías de un mundo que no alcanzaba a imaginarme, y a eso amé, a tu extrañeza.
Solías hablarme del futuro, de tus locos planes para satisfacer tu desorganizada vida. Y yo, yo te escuchaba sonriente, esperando que me incluyeras en ellos. Inocencia perdida, esperando un gesto que nunca llegó. No se las veces que me reinventé, intentando hacer funcionar algo que siempre había estado roto.
Las relaciones se enfrían, como el agua se convierte en hielo. Y una vez están congelados aquellos sentimientos que un día fueron tan fuertes, lo único que puedes hacer es romperlos, y olvidar.
A veces el mayor problema es que tu corazón se resiste a admitir lo que tu mente ya sabe.
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