Ella vivía entre palabras vacías y sueños sin cumplir. Él, de niño, solía pensar que se iba a salir de este mundo. Fue un encuentro entre la pasión y la locura. El destino lo había escrito en las estrellas sin duda alguna.
De pronto sobraban los barcos y los andenes, por que de repente, cambiar de rumbo dejó de tener sentido. Como si el resto de gente no fuera a ninguna parte. Ni el resto de gente, ni tu pelo, ni las cosas que no te dije. Y aunque con el tiempo, nuestras ilusiones y nuestras ganas se desvanecieran, seguiríamos renaciendo en tiempos nuevos, y distintos lugares y en cada uno de ellos volveríamos a encontrarnos por capricho del destino, en una sucesión infinita que no tenía más razón que la del amor.

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