lunes, 16 de septiembre de 2013

Tecnicolor

Pasó una estrella fugaz por delante de mis ojos. 90 veloces días malgastados con un piti entre los dedos y una cerveza fría entre los labios. 90 largas noches con mi cabeza revoloteando o rompiendo la pista de baile.


La vuelta a la rutina supuso la vuelta a ti, ya que por suerte o por desgracia, cuando por casualidad te encuentras con alguien en la vida, ya no hay vuelta atrás, ya no la puedes desconocer. Quizá, lo que más me impactó fue esa manera tan suave de tocarme, esa destreza al acariciarme como si supiera la medida exacta, como si me conociera de toda la vida. Al fin y al cabo quizá eso sea el amor: una deliciosa y explosiva agrupación de costumbres.

Tal como me ocurrió las últimas 100 veces, no llegué lo suficientemente temprano y ya se habían agotado las entradas de la película. Supongo que algún día aprenderé a base de errores que a los aeropuertos, a los cines, y a ti, hay que llegar con más de una hora de antelación.


Ahora me pregunto qué pasa por tu cabeza, y ahí es donde empieza la tragedia: en la pregunta.





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