Tal vez sean nuestras vidas, con sus casualidades y coincidencias, malgastadas entre idas y venidas, y besos por necesidad, no por amor. Tal vez esa sensación de que, desde tu azotea, ves el a mundo diferente, y él se siente igual de extraño desde su ventana. El hecho de que más de una noche, con más de una cerveza, llegué a pensar que mis sueños no son como los del resto, pero sí como los suyos. Un chupito tras otro, tus locas ganas de vivir y tus carcajadas con volumen de más, hicieron el resto.
Diferente como opuesto a raro, especial como sinónimo de perfecto. Así eras tú, el que siempre ganaba, teniendo las de perder. Esa pieza del puzzle que siempre se pierde, igual de insignificante como necesaria para que todo tenga sentido.
Siempre un paso por delante, siempre inalcanzable, siempre en lo alto. O quizá era yo, que me volvía tan pequeña cuando no entendía algo... Como cuando pensaba en la forma en que tus gastados Levis abrazaban tu culo, y me faltaban balas para acabar con mis celos.
Mira como pasan los años y se llevan a los que siempre iban a estar ahí, y yo sigo buscando tiempo que no tengo, para escribir miles de hojas admirando al que siempre ha estado conmigo. Escribiendo que ojalá esta primavera llene tus rincones, y crezcan flores en tu mente que te hagan entrar en razón, para que luego la pierdas por mi.
No espero que me entiendas, porque aunque estás en mi cabeza, no te ves desde mis ojos. Tan solo hace falta que veas como se pone mi piel cuando te recuerdo.

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