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jueves, 10 de abril de 2014

Avisos debajo de la piel

Tal vez sean nuestras vidas, con sus casualidades y coincidencias, malgastadas entre idas y venidas, y besos por necesidad, no por amor. Tal vez esa sensación de que, desde tu azotea, ves el a mundo diferente, y él se siente igual de extraño desde su ventana. El hecho de que más de una noche, con más de una cerveza, llegué a pensar que mis sueños no son como los del resto, pero sí como los suyos. Un chupito tras otro, tus locas ganas de vivir y tus carcajadas con volumen de más, hicieron el resto.

Diferente como opuesto a raro, especial como sinónimo de perfecto. Así eras tú, el que siempre ganaba, teniendo las de perder. Esa pieza del puzzle que siempre se pierde, igual de insignificante como necesaria para que todo tenga sentido. 
Siempre un paso por delante, siempre inalcanzable, siempre en lo alto. O quizá era yo, que me volvía tan pequeña cuando no entendía algo... Como cuando pensaba en la forma en que tus gastados Levis abrazaban tu culo, y me faltaban balas para acabar con mis celos.

Mira como pasan los años y se llevan a los que siempre iban a estar ahí, y yo sigo buscando tiempo que no tengo, para escribir miles de hojas admirando al que siempre ha estado conmigo. Escribiendo que ojalá esta primavera llene tus rincones, y crezcan flores en tu mente que te hagan entrar en razón, para que luego la pierdas por mi. 

No espero que me entiendas, porque aunque estás en mi cabeza, no te ves desde mis ojos. Tan solo hace falta que veas como se pone mi piel cuando te recuerdo.





domingo, 30 de marzo de 2014

SuperHermanas

Aun recuerdo el día en el que me lo contaste. Tu voz temblorosa, la manera en que tus ojos huían de los míos. Recuerdo tu risa nerviosa, tus constantes movimientos en el viejo sillón marrón que tanto le gusta a papá y mi paciencia agotándose. En ese momento no podía entender por qué te costaba tanto abrirte a mí ese día, cuando yo veía en ti el mejor consuelo después de una botella de vodka; cuando yo era un enorme y complejo libro de anatomía, pero abierto de par en par para ti. 

Aquel día me hablabas del amor, pero de una forma diferente a la de aquellos niñatos a los que prometía matar si te hacían daño, o aquellos que hubiesen matado por que tú les hicieses daño. Me hablabas de una forma de amar que nunca antes había comprendido. Me hablabas de cómo amabas la forma en la que todo se dibujaba cuando estabais cerca, o cómo te elegía como combustible para que le calentaras las manos. Me hablabas de cómo amabas la manera en la que se reía de tus chistes malos, o los líos en los que se metía por el fracaso de las leyes en su vida. Cómo te convertías en detective por averiguar a dónde iría esa noche, y así encontraros mágicamente en los sitios más extraños. 


Me hablabas del instinto que va mas allá de la inteligencia, y de querer, y de luchar al margen de las noticias de los diarios, de las obligaciones de familia y de cualquier forma de problema fiscal o moral. Me hablabas de llegar tarde a una obra de teatro, llegar cuando ha comenzado el segundo acto. Los actores hablan, actúan sin que sepas por qué,  a causa de qué. Sin embargo, puedes apreciar la música tranquila que suena de fondo, y el escenario que te descubre un nuevo y precioso lugar inexplorado, y los bonitos vestidos de colores que los actores llevan puestos... Y así, pese a que lo único cierto es la sospecha de que algo no va bien, el saber que la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que la paz y el placer que sientes, ya no hay vuelta atrás, estás enganchado. Entonces fue cómo perder la inocencia de golpe, cómo si pensases que puedes escoger el príncipe azul que te quite el sueño, y descubrirte locamente enamorada de una mujer.

Y supe que no podía juzgar algo que no alcanzaba a conocer, y que no podía dejar de amar a alguien que ya quería desde antes de aprender a juzgar. Que tú amabas el amor, en todas sus maneras y en todas sus formas. Y quizá no habías escogido el camino perfecto, o quizá si pero no el más sencillo. Quizá había muchos otros caminos bonitos de recorrer, y al no elegirlos te perderías muchos momentos y a muchas personas. 
Lo único de lo que estoy segura es que el vínculo que nos une es tan fuerte que no me permitiría alejarme de tu camino, ayudarte a saltar los obstáculos y callar las voces que critiquen tus pasos. 



Un ejemplo para todos, la mejor hermana del mundo para mi. Te quiero C