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domingo, 30 de marzo de 2014

SuperHermanas

Aun recuerdo el día en el que me lo contaste. Tu voz temblorosa, la manera en que tus ojos huían de los míos. Recuerdo tu risa nerviosa, tus constantes movimientos en el viejo sillón marrón que tanto le gusta a papá y mi paciencia agotándose. En ese momento no podía entender por qué te costaba tanto abrirte a mí ese día, cuando yo veía en ti el mejor consuelo después de una botella de vodka; cuando yo era un enorme y complejo libro de anatomía, pero abierto de par en par para ti. 

Aquel día me hablabas del amor, pero de una forma diferente a la de aquellos niñatos a los que prometía matar si te hacían daño, o aquellos que hubiesen matado por que tú les hicieses daño. Me hablabas de una forma de amar que nunca antes había comprendido. Me hablabas de cómo amabas la forma en la que todo se dibujaba cuando estabais cerca, o cómo te elegía como combustible para que le calentaras las manos. Me hablabas de cómo amabas la manera en la que se reía de tus chistes malos, o los líos en los que se metía por el fracaso de las leyes en su vida. Cómo te convertías en detective por averiguar a dónde iría esa noche, y así encontraros mágicamente en los sitios más extraños. 


Me hablabas del instinto que va mas allá de la inteligencia, y de querer, y de luchar al margen de las noticias de los diarios, de las obligaciones de familia y de cualquier forma de problema fiscal o moral. Me hablabas de llegar tarde a una obra de teatro, llegar cuando ha comenzado el segundo acto. Los actores hablan, actúan sin que sepas por qué,  a causa de qué. Sin embargo, puedes apreciar la música tranquila que suena de fondo, y el escenario que te descubre un nuevo y precioso lugar inexplorado, y los bonitos vestidos de colores que los actores llevan puestos... Y así, pese a que lo único cierto es la sospecha de que algo no va bien, el saber que la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que la paz y el placer que sientes, ya no hay vuelta atrás, estás enganchado. Entonces fue cómo perder la inocencia de golpe, cómo si pensases que puedes escoger el príncipe azul que te quite el sueño, y descubrirte locamente enamorada de una mujer.

Y supe que no podía juzgar algo que no alcanzaba a conocer, y que no podía dejar de amar a alguien que ya quería desde antes de aprender a juzgar. Que tú amabas el amor, en todas sus maneras y en todas sus formas. Y quizá no habías escogido el camino perfecto, o quizá si pero no el más sencillo. Quizá había muchos otros caminos bonitos de recorrer, y al no elegirlos te perderías muchos momentos y a muchas personas. 
Lo único de lo que estoy segura es que el vínculo que nos une es tan fuerte que no me permitiría alejarme de tu camino, ayudarte a saltar los obstáculos y callar las voces que critiquen tus pasos. 



Un ejemplo para todos, la mejor hermana del mundo para mi. Te quiero C