martes, 9 de abril de 2013

Qué cojones puedo decir...

Ya no quiero hablar de ti, de las noches malgastadas entre brazos dudosos, de mis ilusiones vanas... Ya no quiero hablar de ti, no quiero hablar de mi. Ya partió el último tren que nos separó, y aquí no podré localizarte. Acércate un poco más, que se como hacerlo aún peor. 
Sigo durmiendo sola, pensando en aquella noche de diciembre, cuando tú me calentabas. A pesar del frío, moría de calor. Mi cabeza pasa el día buscándote y tu te escondes por mis rincones más oscuros. No hay nadie que llene mi vacío, no hay nadie que me prepare café por las  mañanas, ni escuche mis sueños. Nadie sabe como me queman en la boca los besos que no he dado. La ciudad entera arde al recordar lo tonta que fui.
Sigo durmiendo sola, entre sábanas que hablan de nuestras historias, de cuando me mirabas y parecía que ibas a comerme de un bocado. Despierto, y todo va a cámara lenta, te gustaba desarmarme, y ahora yo tardo tanto en volver a construirme... No queda más remedio que pasar por esto una vez más.

La historia interminable, una página más en mi lista de fracasos y derrotas. La historia de mi vida, ocasiones desperdiciadas por las ideas de una mente loca. Ahora estarás intentando sentirte tu mismo en los labios de otras, sacarme de quicio, olvidar momentos. Pero siento decirte que seguirás en mi cabeza como un imposible, esperando que algún día nos encontremos en otra ciudad, en otro tiempo, y todo empiece de nuevo.

Que no me da la gana, que ninguna distancia es más grande que un corazón enamorado. Que la estupidez humana tiene un límite. Que lo imposible solo tarda un poco más en llegar, pero es que tú tardas demasiado. 

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