Desde el primero de sus besos comprendí que si hay algo que duela más que un corazón que late al ritmo de otro, es que uno de ellos baile una melodía distinta, cansado de estúpidas canciones de amor. Y es que amigo, nada suele tanto como el vacío. Cómo asomarte a los ojos que te quitan el sueño y no ver nada, absolutamente nada... Un profundo abismo en el que giran las ideas que un día tuviste, los recuerdos de los días que ya no te quedan.
Esa mirada vacía, sin embargo, lo dice todo, incluso te grita que el sol ya no entrará más por la ventana, y que su silueta no saldrá más de tu cama. Entonces no te queda más que forzar un suspiro que enmascarar el inminente "te quiero" que brota en tus labios, como una falsa nostalgia del que espera que el pasado se pueda recuperar con un chasquido de dedos. Y te alejas del precipicio que hace unos segundos estabas seguro de saltar, aun esperando el golpe. Y mientras enreda tu cabello, te esfuerzas en creer que este viento no traerá siempre un nudo en la garganta.
Ciertamente, siempre será mejor pensar que ya vendrá alguien que desenrede tu cabello mientras aspira tu aroma; ese aroma que dejó tu silueta en su cama. Y que salte al precipicio sin mirar al pasado, gritando un "te quiero", sin miedo a estrellarse. Alguien que se sienta como el primer rayo de luz que entra por la ventana cuando te mire, y que en tus ojos no vea vacío, sino todas esas estúpidas canciones de amor que vuestros corazones bailan.

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