miércoles, 12 de marzo de 2014

Presente efervescente

Los fines de semana adquieren otro significado cuando te encuentras lejos de tu hogar. Los ansiados viernes de fiesta se tornan nerviosos viernes de maletas y viajes. Y así me encontraba yo, revolviéndome ansiosa en el viejo asiento de cuero desgastado del dichoso tren, esperando; esperando escuchar las palabras mágicas del maquinista en forma de mensaje divino, a través de esos grandes altavoces negros. Es entonces, en un intento desesperado de llamar mi atención, cuando mi pequeño móvil tiembla y me basta una leve mirada hacia él para que se dibuje una sonrisa en mi cansada cara, cuando leo tu nombre en la pantalla. Sonrisa que no cesa al leer la ridícula idea de que te preguntes si me gustaría verte, cuando es prácticamente en lo único que pienso a lo largo del día. Parece mentira la rapidez en la que el ambiente cargado de perfume barato y ganas de llegar de aquel pequeño vagón, se había vuelto delicioso. El trayecto llegó a su fin y, con una técnica perfeccionada  finde tras finde, baje la pesada maleta casi bailando, ansiosa por pisar el suelo del lugar que me había visto crecer. 

Sus ojos se iluminaron nada más verme, y aunque su cuerpo permanecía inalterado, el asfixiante abrazo con el que me recibió, de esos de los que rompen huesos y calan hondo, reveló sus ganas de verme. Al fin y al cabo qué cabía esperar del hombre de mi vida, mi padre. 
En mi casa mas de lo mismo, aunque en cierto modo, para mí todo es diferente. Una especie de nostalgia invade mi cuerpo al yacer sobre mi cama, a la que había echado de menos como si de una persona se tratase. Me imagino a mi misma colocando aquellas fotos de los lugares que soñaba visitar en la pared, y me divierte la idea de que uno de ellos se haya convertido en mi hogar ahora. Hay que ver, que extraña vida ésta que me ha tocado, que magníficas casualidades la gobiernan, y como puede cambiar el mundo en tan poco tiempo. 

Tras un largo tiempo perdido consigo armarme de valor y prepararme para tu encuentro. Ropa elegida al detalle pero que parezca despreocupada, kilos de maquillaje que sean imperceptibles... Salgo a hurtadillas por la gran puerta blanca intentando huir de mi madre, por miedo de que termine de devorarme a besos si me vuelve a ver. 

En lo último en lo que se me hubiese ocurrido pensar fue lo primero que sentí al pisar la calle. El frío de esta enorme ciudad no había cambiado nada. Atravesándome la piel, me hacía andar a un ritmo acelerado, marcado por el ritmo de Phoenix que gritaban en mi oreja. "Do-do-don’t you know?, don’t do it. But you do it, what you do to me?". Una farola iluminada en lo alto del ayuntamiento dirigía una luz hacia el suelo, y he de decir que la sombra que proyecta sobre el pavimento no te hace justicia. Apoyado en la pared de aquel majestuoso edificio, inmóvil me observas llegar. Y tu boca me saluda, y mi corazón a ti. 

Han pasado 4 semanas desde la última vez que te vi, y es como si apenas pudiese recordar 4 segundos. Quizá sea que cuando me marcho, parte de mi se queda contigo. Quizá cuando te quedas, parte de ti se viene conmigo. Tu perfecta imagen está tan asentada en mi mente de loca enamorada que me persigue a donde quiera vaya. 

- Te había echado de menos.- No me tientes amor, créeme que no quieres que responda a eso...






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