lunes, 21 de julio de 2014

C o n t i g o

Hace tiempo que mi sombra dejó de seguirme.
Que hago cosas sin sentido dice, que ya no quiere repetirlas.

No le hicieron falta ni maletas para marcharse, ni portazo para hacer ruido.
Y aprovechó la oscuridad de mi pecho, y el momento menos oportuno.

Quizá es que ya no nos parecemos, porque he perdido el rumbo, y ellas las razones. 
Se ha cansado de llegar siempre a deshora, a los sitios equivocados.

Quizá es eso si... Que ya no nos parecemos, no como antes.
Porque ahora ya no encajó con ella, encajo contigo.

Sólo hubiera bastado agarrarla más fuerte, colgarme de sus manos como había hecho tantas veces antes... C o n t i g o 

viernes, 18 de julio de 2014

No sabemos volar, pero no queremos caer

Viernes de madrugada después de miles de locuras con ellas. 
Aquellas con las que has malgastado tantos cubatas, y algún que otro secreto de más, y sin embargo, no llegan a comprender ni una cuarta parte de tus pensamientos. 

Y lloras, y lloras sola, intentando encontrar en tus lágrimas el consuelo de un problema que ronda tu mente desde hace ya meses. 

Y maldices la idea de que a las 5 de la mañana no puedas despertar a nadie, y que ese nadie llore contigo. Maldices que lo que te quita el sueño, no se lo quite a ningún otro. 

Que mi sonrisa tiene experiencia de más, pero mis lágrimas han conocido mundo, y que ni tu ni nadie conoce una sonrisa, ni unas lágrimas como estas. Y nadie conoce mejor que yo, cómo hundirte del todo cuando sabes que estas tocando fondo, antes que pedir ayuda.

Son noches que hacen que me empiece a volver loca por la irónica mirada de creer que alguien mas se siente igual de perdido. Y eso que debería empezar a admitir que los sueños de la gente del montón, no son los mios. 

Pero no es ni mirada, ni ironía, ni sueños, ni locura. Ni siquiera es una canción de Russian Red, ni este piti que se consumé entre mis dedos, lo que me atormenta. No es ni siquiera una niña a punto de cumplir los 20 en una ciudad que le sigue quedando grande, ni el silencio que inunda estas cuatro paredes. 
Y pasara otra noche, o tal vez dos, o tal vez mil, hasta que lo comprenda. 

Llámame, demuéstrame que estás siempre para mi. Llora conmigo, o ríete de mi y dame un motivo para que ría contigo. Deja todo lo que estés haciendo y ven a darme un abrazo de los que cortan la respiración y borran las dudas porque sino... Sino no caeré, y no quiero caer, aunque aún me queden 6 vidas para aprender a volar. 



lunes, 7 de julio de 2014

Mundo loco de insensatos

Somos animales extraños, en un mundo más extraño aún. 
Somos altos o bajos, rubios y morenos, egoístas o generosos, graciosos o aburridos. 
Somos, a veces, inaguantables, pero otras veces nos convertimos en  la mejor compañía. 
En ocasiones dejamos que nuestros ojos se llenen de lágrimas de pesimismo, ¡pero qué magníficos somos cuando esas lágrimas son de alegría!.

Somos una pregunta con patas. Somos el conjunto de los instintos, el principio de todas las dudas que vendrán. Vidas malgastadas buscando respuestas que jamás podremos resolver. Y cuando, en ocasiones, hallamos la respuesta a una, incluso de esas que no nos planteamos, organizamos nuestra vida sobre ella o la dejamos pasar, sin más.

Y es que somos un "por qué". Ese que nos pasamos la vida preguntándonos a nosotros mismos, al resto del mundo. Y si no encontramos respuesta, la buscamos en datos y hechos, o mejor aún, algunos las consiguen. Y así poco a poco nos ayudan a evolucionar.

Pero también somos un "para qué". Ante cualquier problema lo primero en lo que pensamos, sin que tenga ninguna utilidad, una pregunta inútil, gratuita. Una pregunta para los que sienten que si alguien les explica un problema, es para que les ayude a encontrar una solución. Y se la dan. Y no entienden el valor de simplemente compartir lo que te pasa, sin estar pidiendo a cambio un consejo. 

Y además, también somos un "por qué no". Quizá la pregunta más peligrosa, porque acabamos cambiando la realidad, creando algo nuevo que creemos merecer. Una pregunta para esos que sólo entienden el amor por aquello que todavía está por inventar. 


Y estas pequeñas preguntas son las que crean un maravilloso caos de diferencias en el mundo. Y al final, seas del grupo que seas, tarde o temprano, descubres que buscar la felicidad jamás está en encontrar todas las respuestas.



domingo, 8 de junio de 2014

Soñar, con no soñar

Hoy es mal día para tener insomnio, pero mucho peor será mañana, cuando me disponga a hacer el examen. 
Un mal día para recordar el hogar, y ponerme nostálgica imaginándome el tacto de mi vieja cama. 
Y el olor, el olor que emite la cocina, y que inunda toda la casa cuando mamá prepara alguno de sus deliciosos platos. Y peor aún sería si me diera por pensar en la risa que se le dibuja a papá cuando me ve aparecer por la puerta de la estación de tren. 

Cerrando los ojos puedo sobrevolar esas calles más que sabidas. Calles hechas a base de recuerdos y de buenos momentos, que yo misma he ido construyendo a cada paso. 
Calles que imagino ahora, transitadas por desconocidos que corren hacia alguna parte, o pasean intentando evadirse de sus propios problemas. 

Y puedo imaginármelas a ellas, a las de siempre, sentadas en la que ya es nuestra mesa, en el bar de toda la vida. Quizá contando un nuevo cotilleo, un nuevo amor, o el que siempre les ha quitado el sueño

Y puedo alargar los minutos de esta infinita noche en la que los litros de cafeína me han introducido, pensando en cómo ha pasado el tiempo, y cómo ha cambiado todo. En cómo las decisiones que he ido tomando, me han llevado por caminos que nunca hubiese imaginado recorrer, y dejar atrás personas que creía tan necesarias. Esos tropiezos, y pasos en falso que todavía me atormentan la conciencia, pero que al fin y al cabo, me han convertido en lo que soy. 

Pensando en tantas cosas, me resulta tan extraña la idea de que no pueda imaginarte... Que no pueda saber qué haces, ni dónde estas. Escondido en la ciudad, tengo que buscarte entre los acordes que esta noche suenan en el "Mambo", y en el sonido de las hojas del viejo parque, donde los mismos señores en chándal de siempre, salen a correr. Y sólo así, puedo sentirte hasta en esta minúscula habitación a 300 km, y encontrarte en una pequeña parte de mi voz. 




miércoles, 7 de mayo de 2014

Menos humos, y más fuego

168 horas
100 desvaríos de cabeza
90 sonrisas
30 pitis
7 días interna en la biblioteca
5 cervezas
2 películas
Y 1 llanto desde la última vez que te vi. 

No sabría explicarte qué es lo que esconden tus ojos, que me acelera el corazón y se me estremecen hasta las dudas. Dudas que me quitas cada vez que me sonríes, y desaparece la lista de razones por las que debería odiarte.

Más de una vez llego la tormenta, y cayó la lluvia que me hizo temblar ante el abismo del "nosotros", de que lo único que tengamos sea la necesidad de tenernos. La eterna anti historia, enmarcada entre recuerdos de siempre y las aventuras de mañana. La forma más sencilla de explicarte lo difícil que se hace la idea de perderte, cuando de pronto un miércoles, me da por admitir que estoy triste.

Y ahora con más de una asignatura atragantada, y menos de 6 horas de sueño diarias, sólo puedo pensar en llegar a fin de mes, y poder comprar ese billete, sólo de ida, hasta tu boca. Y es que, conforme pasan los días a km de tus locuras, se acumulan las deudas de tus dedos con mi espalda, y los asuntos pendientes con mis sábanas.

Podría contar los latidos que quedan para vernos, y el tiempo perdido por inseguridades, y las copas que necesitamos para volver al lugar del que no nos hemos movido. Contaría los lunares de tu espalda y aún me sobrarían ganas para contarte los besos que te debo. Pero al fin y al cabo, el tiempo es el que avanza, y la distancia la que manda, y quizá sean ellos los que tengan que decidir por ti, por mi, y la posibilidad de un futuro "nosotros".





martes, 15 de abril de 2014

Que bonita es la vida

Después de miles quebraderos de cabeza, cientos de lágrimas derramadas y varias absurdas recaídas, hoy puedo decir orgullosa, que hace dos años empecé a vivir. A vivir de verdad, sin darle importancia a los malditos prejuicios que mi mente había creado, ni a las miradas de las marionetas que se hacen llamar personas, obsesionadas con las imposiciones de una miserable marca de ropa. A admirar la imagen que refleja mi cuerpo en cualquier portal cuando paseo por la calle, o el espejo que antes estaba tan escondido en mi cuarto. A cuidar más mi corazón, que mi apariencia.

Quién me habría dicho entonces que podría llegar a aceptar la verdadera esencia de la belleza, y que cuando me cruzase con un chico, en apenas esos instantes, el podría ver esa belleza en mi.

La opinión pública está completamente sobre valorada. Luchamos día a día por aparentar ser quienes no somos, para sentirnos integrados en el rol que algún idiota ha puesto de moda. Sin  embargo, es el propio hecho de aparentar normalidad lo que demuestra que en el fondo, todos estamos locos. Ninguno de vosotros podrá negar que cambiamos cuando no hay nadie alrededor que pueda juzgarnos, cuando sólo puedes hablar contigo mismo, con tus instintos más profundos. Es entonces cuando en la soledad de tu habitación sale a la luz el trastorno obsesivo-compulsivo de analizar a las 254 amigas que tiene en facebook el chico que te roba el sueño, o tu bipolaridad al estallar tras estar sonriendole durante horas a una persona que en realidad odias. Y es que si algo que no pasa nunca de moda son las máscaras, esas que crean una barrera contra las acusaciones del mundo, esa sonrisa que esconde una lágrima, o el cansancio después de días sin comer.
Pero ningún muro es indestructible. Y aunque la ciudad siempre siga igual, juzgando en cada rincón, los que siempre te han querido por lo que hay debajo de tu maquillaje, y de tu piel, no dejaran engañarse con trucos sucios. 

Estar esclavizada a esa imagen irreal de mi misma me hizo separarme vertiginosamente de las personas por las que recibiría mil disparos. Cegada por la oscuridad del hoyo que yo misma había cavado, no podía ver que por cada lágrima que derramaba, o por cada gramo que perdía, el dolor de padres y amigos se elevaba al exponente.

Pese a todo, he de reconocer que el ser humano es extraordinario, y no hay problema que no tenga solución, si realmente queremos que la tenga. Como es extraordinario el poder quererse a sí mismo, y que aún te quede corazón para esas personas que te alegran el día a día. Y aunque en esta vida nada es regalado, nos debemos a nosotros mismos luchar por nuestros sueños y levantarnos cuando nos caigamos. Y aprender que los errores pueden ser buenos, cuando el rectificarlos, nos hace ir por caminos mejores.



Comer es vivir. Adiós Ana. 



jueves, 10 de abril de 2014

Avisos debajo de la piel

Tal vez sean nuestras vidas, con sus casualidades y coincidencias, malgastadas entre idas y venidas, y besos por necesidad, no por amor. Tal vez esa sensación de que, desde tu azotea, ves el a mundo diferente, y él se siente igual de extraño desde su ventana. El hecho de que más de una noche, con más de una cerveza, llegué a pensar que mis sueños no son como los del resto, pero sí como los suyos. Un chupito tras otro, tus locas ganas de vivir y tus carcajadas con volumen de más, hicieron el resto.

Diferente como opuesto a raro, especial como sinónimo de perfecto. Así eras tú, el que siempre ganaba, teniendo las de perder. Esa pieza del puzzle que siempre se pierde, igual de insignificante como necesaria para que todo tenga sentido. 
Siempre un paso por delante, siempre inalcanzable, siempre en lo alto. O quizá era yo, que me volvía tan pequeña cuando no entendía algo... Como cuando pensaba en la forma en que tus gastados Levis abrazaban tu culo, y me faltaban balas para acabar con mis celos.

Mira como pasan los años y se llevan a los que siempre iban a estar ahí, y yo sigo buscando tiempo que no tengo, para escribir miles de hojas admirando al que siempre ha estado conmigo. Escribiendo que ojalá esta primavera llene tus rincones, y crezcan flores en tu mente que te hagan entrar en razón, para que luego la pierdas por mi. 

No espero que me entiendas, porque aunque estás en mi cabeza, no te ves desde mis ojos. Tan solo hace falta que veas como se pone mi piel cuando te recuerdo.