martes, 15 de abril de 2014

Que bonita es la vida

Después de miles quebraderos de cabeza, cientos de lágrimas derramadas y varias absurdas recaídas, hoy puedo decir orgullosa, que hace dos años empecé a vivir. A vivir de verdad, sin darle importancia a los malditos prejuicios que mi mente había creado, ni a las miradas de las marionetas que se hacen llamar personas, obsesionadas con las imposiciones de una miserable marca de ropa. A admirar la imagen que refleja mi cuerpo en cualquier portal cuando paseo por la calle, o el espejo que antes estaba tan escondido en mi cuarto. A cuidar más mi corazón, que mi apariencia.

Quién me habría dicho entonces que podría llegar a aceptar la verdadera esencia de la belleza, y que cuando me cruzase con un chico, en apenas esos instantes, el podría ver esa belleza en mi.

La opinión pública está completamente sobre valorada. Luchamos día a día por aparentar ser quienes no somos, para sentirnos integrados en el rol que algún idiota ha puesto de moda. Sin  embargo, es el propio hecho de aparentar normalidad lo que demuestra que en el fondo, todos estamos locos. Ninguno de vosotros podrá negar que cambiamos cuando no hay nadie alrededor que pueda juzgarnos, cuando sólo puedes hablar contigo mismo, con tus instintos más profundos. Es entonces cuando en la soledad de tu habitación sale a la luz el trastorno obsesivo-compulsivo de analizar a las 254 amigas que tiene en facebook el chico que te roba el sueño, o tu bipolaridad al estallar tras estar sonriendole durante horas a una persona que en realidad odias. Y es que si algo que no pasa nunca de moda son las máscaras, esas que crean una barrera contra las acusaciones del mundo, esa sonrisa que esconde una lágrima, o el cansancio después de días sin comer.
Pero ningún muro es indestructible. Y aunque la ciudad siempre siga igual, juzgando en cada rincón, los que siempre te han querido por lo que hay debajo de tu maquillaje, y de tu piel, no dejaran engañarse con trucos sucios. 

Estar esclavizada a esa imagen irreal de mi misma me hizo separarme vertiginosamente de las personas por las que recibiría mil disparos. Cegada por la oscuridad del hoyo que yo misma había cavado, no podía ver que por cada lágrima que derramaba, o por cada gramo que perdía, el dolor de padres y amigos se elevaba al exponente.

Pese a todo, he de reconocer que el ser humano es extraordinario, y no hay problema que no tenga solución, si realmente queremos que la tenga. Como es extraordinario el poder quererse a sí mismo, y que aún te quede corazón para esas personas que te alegran el día a día. Y aunque en esta vida nada es regalado, nos debemos a nosotros mismos luchar por nuestros sueños y levantarnos cuando nos caigamos. Y aprender que los errores pueden ser buenos, cuando el rectificarlos, nos hace ir por caminos mejores.



Comer es vivir. Adiós Ana. 



jueves, 10 de abril de 2014

Avisos debajo de la piel

Tal vez sean nuestras vidas, con sus casualidades y coincidencias, malgastadas entre idas y venidas, y besos por necesidad, no por amor. Tal vez esa sensación de que, desde tu azotea, ves el a mundo diferente, y él se siente igual de extraño desde su ventana. El hecho de que más de una noche, con más de una cerveza, llegué a pensar que mis sueños no son como los del resto, pero sí como los suyos. Un chupito tras otro, tus locas ganas de vivir y tus carcajadas con volumen de más, hicieron el resto.

Diferente como opuesto a raro, especial como sinónimo de perfecto. Así eras tú, el que siempre ganaba, teniendo las de perder. Esa pieza del puzzle que siempre se pierde, igual de insignificante como necesaria para que todo tenga sentido. 
Siempre un paso por delante, siempre inalcanzable, siempre en lo alto. O quizá era yo, que me volvía tan pequeña cuando no entendía algo... Como cuando pensaba en la forma en que tus gastados Levis abrazaban tu culo, y me faltaban balas para acabar con mis celos.

Mira como pasan los años y se llevan a los que siempre iban a estar ahí, y yo sigo buscando tiempo que no tengo, para escribir miles de hojas admirando al que siempre ha estado conmigo. Escribiendo que ojalá esta primavera llene tus rincones, y crezcan flores en tu mente que te hagan entrar en razón, para que luego la pierdas por mi. 

No espero que me entiendas, porque aunque estás en mi cabeza, no te ves desde mis ojos. Tan solo hace falta que veas como se pone mi piel cuando te recuerdo.





domingo, 30 de marzo de 2014

SuperHermanas

Aun recuerdo el día en el que me lo contaste. Tu voz temblorosa, la manera en que tus ojos huían de los míos. Recuerdo tu risa nerviosa, tus constantes movimientos en el viejo sillón marrón que tanto le gusta a papá y mi paciencia agotándose. En ese momento no podía entender por qué te costaba tanto abrirte a mí ese día, cuando yo veía en ti el mejor consuelo después de una botella de vodka; cuando yo era un enorme y complejo libro de anatomía, pero abierto de par en par para ti. 

Aquel día me hablabas del amor, pero de una forma diferente a la de aquellos niñatos a los que prometía matar si te hacían daño, o aquellos que hubiesen matado por que tú les hicieses daño. Me hablabas de una forma de amar que nunca antes había comprendido. Me hablabas de cómo amabas la forma en la que todo se dibujaba cuando estabais cerca, o cómo te elegía como combustible para que le calentaras las manos. Me hablabas de cómo amabas la manera en la que se reía de tus chistes malos, o los líos en los que se metía por el fracaso de las leyes en su vida. Cómo te convertías en detective por averiguar a dónde iría esa noche, y así encontraros mágicamente en los sitios más extraños. 


Me hablabas del instinto que va mas allá de la inteligencia, y de querer, y de luchar al margen de las noticias de los diarios, de las obligaciones de familia y de cualquier forma de problema fiscal o moral. Me hablabas de llegar tarde a una obra de teatro, llegar cuando ha comenzado el segundo acto. Los actores hablan, actúan sin que sepas por qué,  a causa de qué. Sin embargo, puedes apreciar la música tranquila que suena de fondo, y el escenario que te descubre un nuevo y precioso lugar inexplorado, y los bonitos vestidos de colores que los actores llevan puestos... Y así, pese a que lo único cierto es la sospecha de que algo no va bien, el saber que la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que la paz y el placer que sientes, ya no hay vuelta atrás, estás enganchado. Entonces fue cómo perder la inocencia de golpe, cómo si pensases que puedes escoger el príncipe azul que te quite el sueño, y descubrirte locamente enamorada de una mujer.

Y supe que no podía juzgar algo que no alcanzaba a conocer, y que no podía dejar de amar a alguien que ya quería desde antes de aprender a juzgar. Que tú amabas el amor, en todas sus maneras y en todas sus formas. Y quizá no habías escogido el camino perfecto, o quizá si pero no el más sencillo. Quizá había muchos otros caminos bonitos de recorrer, y al no elegirlos te perderías muchos momentos y a muchas personas. 
Lo único de lo que estoy segura es que el vínculo que nos une es tan fuerte que no me permitiría alejarme de tu camino, ayudarte a saltar los obstáculos y callar las voces que critiquen tus pasos. 



Un ejemplo para todos, la mejor hermana del mundo para mi. Te quiero C







jueves, 20 de marzo de 2014

No quieras querer, no te confundas

¿Alguna vez habéis sentido tanto, tanto miedo que, el aire que tan forzosamente respirabais, no era suficiente para llenar vuestros pulmones?. ¿Tanto que sentíais que el tiempo no avanzaba, esperando el siguiente latido de vuestro corazón?. ¿Habéis sentido tanto miedo como para ahogaros, para desfallecer, para sentir un punzante dolor?. ¿Habéis amado tanto como para que os duela?. 

Desde el primero de sus besos comprendí que si hay algo que duela más que un corazón que late al ritmo de otro, es que uno de ellos baile una melodía distinta, cansado de estúpidas canciones de amor. Y es que amigo, nada suele tanto como el vacío. Cómo asomarte a los ojos que te quitan el sueño y no ver nada, absolutamente nada... Un profundo abismo en el que giran las ideas que un día tuviste, los recuerdos de los días que ya no te quedan. 
Esa mirada vacía, sin embargo, lo dice todo, incluso te grita que el sol ya no entrará más por la ventana, y que su silueta no saldrá más de tu cama. Entonces no te queda más que forzar un suspiro que enmascarar el inminente "te quiero" que brota en tus labios, como una falsa nostalgia del que espera que el pasado se pueda recuperar con un chasquido de dedos. Y te alejas del precipicio que hace unos segundos estabas seguro de saltar, aun esperando el golpe. Y mientras enreda tu cabello, te esfuerzas en creer que este viento no traerá siempre un nudo en la garganta. 

Ciertamente, siempre será mejor pensar que ya vendrá alguien que desenrede tu cabello mientras aspira tu aroma; ese aroma que dejó tu silueta en su cama. Y que salte al precipicio sin mirar al pasado, gritando un "te quiero", sin miedo a estrellarse. Alguien  que se sienta como el primer rayo de luz que entra por la ventana cuando te mire, y que en tus ojos no vea vacío, sino todas esas estúpidas canciones de amor que vuestros corazones bailan. 





miércoles, 12 de marzo de 2014

Presente efervescente

Los fines de semana adquieren otro significado cuando te encuentras lejos de tu hogar. Los ansiados viernes de fiesta se tornan nerviosos viernes de maletas y viajes. Y así me encontraba yo, revolviéndome ansiosa en el viejo asiento de cuero desgastado del dichoso tren, esperando; esperando escuchar las palabras mágicas del maquinista en forma de mensaje divino, a través de esos grandes altavoces negros. Es entonces, en un intento desesperado de llamar mi atención, cuando mi pequeño móvil tiembla y me basta una leve mirada hacia él para que se dibuje una sonrisa en mi cansada cara, cuando leo tu nombre en la pantalla. Sonrisa que no cesa al leer la ridícula idea de que te preguntes si me gustaría verte, cuando es prácticamente en lo único que pienso a lo largo del día. Parece mentira la rapidez en la que el ambiente cargado de perfume barato y ganas de llegar de aquel pequeño vagón, se había vuelto delicioso. El trayecto llegó a su fin y, con una técnica perfeccionada  finde tras finde, baje la pesada maleta casi bailando, ansiosa por pisar el suelo del lugar que me había visto crecer. 

Sus ojos se iluminaron nada más verme, y aunque su cuerpo permanecía inalterado, el asfixiante abrazo con el que me recibió, de esos de los que rompen huesos y calan hondo, reveló sus ganas de verme. Al fin y al cabo qué cabía esperar del hombre de mi vida, mi padre. 
En mi casa mas de lo mismo, aunque en cierto modo, para mí todo es diferente. Una especie de nostalgia invade mi cuerpo al yacer sobre mi cama, a la que había echado de menos como si de una persona se tratase. Me imagino a mi misma colocando aquellas fotos de los lugares que soñaba visitar en la pared, y me divierte la idea de que uno de ellos se haya convertido en mi hogar ahora. Hay que ver, que extraña vida ésta que me ha tocado, que magníficas casualidades la gobiernan, y como puede cambiar el mundo en tan poco tiempo. 

Tras un largo tiempo perdido consigo armarme de valor y prepararme para tu encuentro. Ropa elegida al detalle pero que parezca despreocupada, kilos de maquillaje que sean imperceptibles... Salgo a hurtadillas por la gran puerta blanca intentando huir de mi madre, por miedo de que termine de devorarme a besos si me vuelve a ver. 

En lo último en lo que se me hubiese ocurrido pensar fue lo primero que sentí al pisar la calle. El frío de esta enorme ciudad no había cambiado nada. Atravesándome la piel, me hacía andar a un ritmo acelerado, marcado por el ritmo de Phoenix que gritaban en mi oreja. "Do-do-don’t you know?, don’t do it. But you do it, what you do to me?". Una farola iluminada en lo alto del ayuntamiento dirigía una luz hacia el suelo, y he de decir que la sombra que proyecta sobre el pavimento no te hace justicia. Apoyado en la pared de aquel majestuoso edificio, inmóvil me observas llegar. Y tu boca me saluda, y mi corazón a ti. 

Han pasado 4 semanas desde la última vez que te vi, y es como si apenas pudiese recordar 4 segundos. Quizá sea que cuando me marcho, parte de mi se queda contigo. Quizá cuando te quedas, parte de ti se viene conmigo. Tu perfecta imagen está tan asentada en mi mente de loca enamorada que me persigue a donde quiera vaya. 

- Te había echado de menos.- No me tientes amor, créeme que no quieres que responda a eso...






miércoles, 5 de marzo de 2014

Ni siempres, ni mañanas

Resulta extraño como por las noches, las ideas que se pasan el día escondidas cabeza, revolotean a sus anchas sin pedirme permiso. Pero mas extraña me resulta la idea de que tú seas el culpable de ello. 

Desvelada, en la cama busco una señal entre nuestras absurdas conversaciones de whatsapp y recuerdo aquellos felices días en los que solía ser la persona menos romántica del mundo. Y mírate ahora, rogando por besos compasivos, suspirando porque sean tus labios los que me los den. 

Tirada en la cama que  lleva escrito tu nombre, malgastó el tiempo que debería invertir en aprobar alguna asignatura de este curso, escuchando como Santi Balmes se lamenta de su situación sentimental, y me siento un poco mejor.

- Ya no hay ganas de seguir el show, ni de continuar fingiendo. 

Rebusco en el cajón, con la idea de por lo menos poder disfrutar de uno de mis peores vicios, detrás de ti, claro. Y me indigna pensar que hasta esto es diferente ahora. El humo de ese piti desciendiendo por mi garganta, esta vez, quemaba por dentro. Buscando la parte más vital de mi ser, aceleraba el pulso de mi corazón mientras arrasaba todo lo que tocaba, hasta formar parte de mi respiración. La belleza de algo que recuerda la muerte, pero nos hace sentir vivos. La necesidad de sus esclavos de sentirlo, hipnotizados por una magia que no existe, porque su propia imaginación la ha creado. Al igual que él, me destrozas por dentro, y eso que aun no entiendo cómo el amor puede ser la peor de las drogas.

A lo mejor no soy tan buena a la hora de juzgar qué es posible y qué no. A lo mejor me vendría bien un tiempo para pensar o a lo mejor lo que necesito es que alguien piense por mi... ¡Hay que ver lo puta es la vida! Que a veces necesitas gente alrededor que no está, y cuando sobra el mundo entre los dos, no se van. 







lunes, 3 de marzo de 2014

Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo.

Solía pensar que el tiempo era un gigante invencible, un muro que no podía destruirse, un factor que podía curar el corazón o romperte los huesos. Nada podía cambiarlo, pese a todo el seguiría ahí, cauteloso, vigía, monótono... Pero aquella noche descubrí que hay algo mucho mas poderoso, mas fuerte, mucho mas mágico. Esa noche en aquel frío portal descubrí que todas las horas pueden tornarse minutos si los malgastas con la persona correcta y, a su vez, que unos pocos minutos pueden dar lugar a charlas de horas con el mundo, sobre la forma en la que tu corazón se aceleraba. 

Esa noche también descubrí que unos segundos pueden tornarse infinitos si el momento que estamos viviendo merece que el divino tiempo se pare. Pero no era suficiente. Estar juntos para siempre era la peor de las ilusiones.

Era duro aceptar que "si encontrásemos la manera podríamos vivir mil veces mas de lo que estamos haciendo por culpa de los relojes". Y aunque no se que nos deparará el futuro, quizá lo mejor sea no preguntar, porque a veces las preguntas nos alejan vertiginosamente de las respuestas y, al fin y al cabo, se puede dormir sin pensar.